lunes, 28 de septiembre de 2015

Sistema detenido

Ella pasaba frente a su escritorio como todos los días.
Eduardo, encorvado sobre su teclado, con los ojos empujando sus lentes, como todos los días.
Ella arroja una carpeta desde dos metros de distancia de él, como si temiera que algo se le pegara si se atrevía a acercarse. Él brinca en su silla del susto, la odia, y no desea nada, el sabe lo que tiene que hacer, vuelve a su teclado y escribe:

"c:\>borrar supervisor /Y"

Y pasa su dedo índice sobre la tecla retorno como lo habría hecho sobre la aureola del seno de la mujer deseada, y cuando llega al centro, con morbosa fascinación y lujuria, presiona... la tecla.
Ella grita, aúlla mejor dicho, cuando desciende rápidamente los 6 pisos de altura que distan desde el balcón donde vigilaba a quienes salían temprano y llegaban tarde, en el piso solo queda un zapato de tacón al borde de la baranda rota del balcón.
En la pantalla del monitor de titilaba el cursor al lado de la oración:

"Supervisor ha sido eliminado con éxito _"

La gente se agolpaba alrededor del cuerpo de la mujer, algunos gemían de asombro. Otros solo miraban hacia arriba, allá donde solo se asomaba la cara casi sonriente de Eduardo, que aparentemente observaba desde aquella baranda rota, pateó descuidadamente un zapato de mujer, y lo siguió con la mirada y vio como caía sobre el techo de lona rasgado del café que había en la planta baja y rebotaba para yacer definitivamente junto su antigua dueña, pero una reflexión acude a él, impulsada por el movimiento de un tobillo de aquel cuerpo tan odiado…

“¿Se movió?” – dijo para si mismo.

“No puede ser, yo no lo hice, yo no la maté” – pensó, y sale corriendo hasta su computadora y en la ventana de la consola escribe:

"C:\> recuperar supervisor"

Por un momento lleno de suspenso no hay respuesta hasta que el cursor se desplaza una línea y finalmente despliega un mensaje: 

"Supervisor ha sido recuperado con éxito _"

Y ahí estaba eduardo con el rostro entre las manos, cuando oye unos pasos de mujer que se acercan a su puesto, y una voz que le ordena:

“¡Aléjate de esa computadora!” – entonces levanta el rostro y ahí estaba la supervisora, empuñando una pistolita, mínima, pero mortal, y detrás de ella, aquel vil galán de oficina, ese chupamedias que todos aborrecían por hipócrita, Eduardo se levantó lentamente, y se alejó de la PC y se dirigió donde ella le indicó, se oían murmullos de las personas que regresaban a la oficina a presenciar el espectáculo

“Si al menos hubiese sido capaz de ingresar al los archivos bloqueados y mostrar a todos los delitos de esta bruja” – pensaba, incapaz de hallar salida a su situación.

“Que haremos contigo, basura” - le dijo con ira aquella mujer magullada por la caída, pero más afectada por el odio y la ira, y se extendía en un horrible discurso de lo que le haría sufrir.

La cara de la supervisora se llenó de alegría cuando vio a entrar 2 policías.

“¡Te vienen a buscar, basura!” – gritó triunfante la supervisora.

“Se equivoca señorita.” - la voz del director de la compañía provenía detrás de los policías que procedían a esposar a la supervisora.

“¿Que es esto?, es un error, el asesino es él” – gritaba iracunda

“No, un accidente le ocurre a cualquiera, un delito comprobado solo lo comete Ud.” - dijo el director en tono fulminante que indicaba que no permitía contradicción alguna.

“Gracias” - Eduardo responde sonrojado

Eduardo se sienta en la computadora, decidido a no perder mas tiempo, y escribe frenético:

- "C:>liberar archivos.lck"

- "Archivos abiertos con éxito como archivos.dat"

 - "C:>enviar archivos.dat direcciongeneral@evocorp.com"

 - "Archivos.dat enviados con éxito"

 - "C:>patear chupamedias"

- "Chupamedias ha sido pateado con éxito _"

Poco después el chupamedias recibía su notificación de despido, en el mismo momento en que la policía se llevaba a la supervisora, y esta no paraba de lanzar miradas de odio y desprecio a Eduardo.

"Todo esto es tu culpa" - le dijo el chupamedias.

"Nadie te ha mandado a seguir, tu eres un pobre halagador, que creías haberme seducido, y has hecho todo lo que yo quería, vete al carajo, estás tan jodido como yo" - le espetó la mujer que solía ser la supervisora.

Y todo se había vuelto oscuro para el chupamedias, solo se aclaró cuando algo tibio bañó su mano, y logró enfocar la vista en el rostro asombrado de la supervisora justo antes de caer definitivamente inerte al piso con la garganta perforada por un abrecartas que caía de las mano del chupamedias, a la vez que se echa a llorar y reír, sumido en una repentina locura, y ante el asombro de todos, corre hacia el balcón y se lanza, pero ya no había toldo para detener su caída.

Y sobre el teclado de la la computadora de Eduardo había manchas de la sangre de la supervisora que macabramente habían salpicado muchas cosas y personas, y en la pantalla donde se suponía que nadie había escrito nada se podía leer:

"C:\>terminar procesosmalos"

procesosmalos han sido terminados con éxito
Sistema detenido_

jueves, 17 de septiembre de 2015

Ni un paso mas

Pablo, nombre común para un hombre común, de esos que camina en la calle y pocos notan su presencia, hoy no sería así, porque se vestía con una camisa nueva, que ocultaba muy bien su ya prominente barriga, unos pantalones caros que compró especialmente para esta ocasión porque ella le había dicho "Pablo esos pantalones te deben quedar muy bien a ti"; sacó el calzado de cuero que no acostumbraba a usar, se colocó el reloj, esparció abundante cantidad de perfume por todos lados de su cuerpo y se colocó los lentes, limpios, casi como nuevos.

¡Listo! Ahora solo necesito las flores y el estuche con el anillo - Le dijo a su imagen en el espejo luego de haber terminado de peinarse el poco cabello que le quedaba.

Abrió la puerta del pequeño apartamento, una ráfaga de aire le sorprendió, era fresco y oloroso a naturaleza, era una de las cosas buenas de vivir cerca del cerro El Ávila, también quedó cegado por la luz de la mañana, que le dio de lleno en el rostro, iluminándolo, haciendo que resaltara la belleza que da el sentirse bien, alegre, emocionado por el futuro planificado, hoy era el día que se le declararía a María. Salió y cerro la puerta con doble llave. Caminó por el pasillo, erguido, sacando pecho, con el estuche del anillo en una mano, un ramo de rosas de color rosa pálido en la otra, casi tropieza con su vecina, la señora de edad madura que caminaba cabizbaja refunfuñando por el alto costo de la vida, lo mira y automáticamente cambia la expresión al verse invadida de la alegría y resolución de Pablo, le sonríe y saluda, y le bendice. Este es el día de Pablo, y el mundo lo sabe.

"No, autobús no, que va, no voy a arruinar esta bonita pinta que tengo hoy, ni en autobús ni en metro, hoy pagaré un taxi." - Pensaba mientras salía del edificio.

Y tomó un taxi, le dio instrucciones de llevarlo al centro comercial donde se había citado con María. Hacía buen tiempo, no había mucho tráfico. Era un día perfecto. No le tomó mucho tiempo llegar. Descendió y pagó al conductor que correspondió su enorme sonrisa con otra, su felicidad era contagiosa, no tenía nervios, estaba seguro de lo que hacía y del resultado que obtendría. Se detuvo frente a la puerta de cristal del centro comercial, está se abrió ante su presencia sin ruido alguno, una voz femenina, atona, le dio la bienvenida. Volvió a sacar pecho, en la placita del centro estaría ella, esperándolo, luego le daría las flores, y se arrodillaría para pedirle que fuera su esposa, ahí en el centro de todo, porque quería que todos supieran cuanto la amaba, quería gritarlo a los cuatro vientos.

María estaba radiante, de pie vestida de azul claro que resaltaba el color de su piel, el cutis terso y la nariz ancha que desentonaba con el resto, pero para Pablo era perfecta, avanzó hasta maría, ella lo vio venir y le sonrió, ya frente a ella le corresponde con otra sonrisa, luego le muestra el ramo de rosas, ella lo recibe y su piel toma el tono de las flores, aspira su aroma, casi enterrando su rostro en el ramo, cuando lo retira ve que está de rodillas, ella contuvo un grito, que empezaba a brotar de su garganta y abraza con fuerza el ramo, aplastándolo contra su pecho. Pablo empieza a hablar con voz firme y segura:

- María, amor de mi vida, mi cielo, mi sol, mi luna, mi ahora y mi mañana. ¿Quieres ser mi ... - pero no pudo terminar, porque de repente, como una fuerte ráfaga de viento, como si un hombre obeso lo hubiera tropezado, algo lo empujó y cayó de costado haciendo que la pequeña cajita con el anillo saliera despedida de su mano. Tratando de componerse, enojado, avergonzado, levanta la vista para darse cuenta que, ahí entre ellos estaba un cochecito con un bebé dentro, y un hombre de mediana edad abrazándolo, se oía un infante llorando, la chaqueta del hombre estaba chamuscada por la espalda, parecía incosciente. Del otro lado María estaba en choque, aferrada al ramo de rosas. Pablo se levanta dispuesto a recuperar el momento, toca el hombro del sujeto que abraza al coche y logra observar al niño en su interior, solo, desvalido, necesitado de auxilio y protección.

- Yo te protegeré - dijo en voz alta, inmediatamente pensó, "¿que coños estoy diciendo? No conozco a este niño"
- ¡Pablo! - le llamó María con cara de incredulidad - ¿que haces?

Pero él estaba ya arrodillado al pie de coche, asomándose en su interior, con cara de enajenado, haciendo muecas al bebé.

De la nada han aparecido cinco hombres, todos vestidos de elegantes trajes, cada uno de un color distinto, todos con lentes oscuros, los rodean, Pablo los mira.

- Ninguno de ustedes tocará a este niño hoy, el que de un solo paso sufrirá mucho.

Uno de los hombres, con traje azul claro, hizo caso omiso de la advertencia de Pablo, avanzó hacia el bebé, no había dado un paso completo cuando un terrible chillido metálico retumbó en el amplio salón del centro comercial, una de las delgadas vigas que servía de soporte para el techo ornamental se rompió y callo y atravezó al hombre desde la cabeza hasta mas abajo de la cintura clavándolo al suelo, aún vivo temblaba y sus ojos estaban desorbitados del dolor.

María dio un grito de horror que sacó a Pablo de su trance, al ver a María histérica se levantó y la agarró de la mano, aprovechando el estado de estupor de los otro cuatro hombres para escabullirse, dejando al bebé con el individuo de ropas quemadas que empezaba a recuperar el conocimiento, al ver a los hombres el niño llora y el hombre abraza mas fuerte el cochecito, una nueva ráfaga de viento y el hombre y el coche ya no estaban, para asombro de los otros hombres de traje frente a ellos su objetivo había desaparecido, el tipo de traje blanco, boquiabierto caminó distraidamente hacia el lugar donde antes había estado el coche y el bebé, gritos de mujeres se escucharon en el centro comercial, se oía un ruido como cuando la lluvia cae, el hombre de blanco siente un escalofrío que le recorre la espalda y observa como miles de ratas empiezan a rodearlo provenientes de todos los rincones del centro comercial, atravesando por entre los pies, la muchedumbre que se había agolpado para ver lo que sucedida, solo se escucharon los gritos del hombre por breve momento mientras la ratas lo cubrían.

Ningún otro tipo de traje quiso dar ni un paso mas


jueves, 16 de enero de 2014

Psicodelia

    Era un lugar donde las paredes y techos parecían no estar bien definidas, ni en forma, ni tamaño, ni distancia ni colores, a veces eran un arcoíris, a veces eran cuadros concéntricos, a veces era como ver un a través de un caleidoscopio, no hay norte, no hay sur, no hay ventanas, ni fuentes de luz, pero todo es brillante, en el centro de la difusa habitación estaba él, vestido de blanco, inmóvil, no porque estuviera atado, no porque quisiera quedarse quieto, muy por el contrario deseaba salir corriendo, pero no podía, sus piernas no respondían, solo tenía esta sensación que se esparcía por todo su cuerpo que se originaba en el centro de su pecho, como una descarga eléctrica, constante que entumecía sus dedos luego sus  tobillos, rodillas y muslos; esta misma sensación  le recorría los brazos y les hacía colgar inertes a los costados, un sentimiento de desesperación encarnado y producido por la misma desesperación que nacía en su corazón. Le dolía pensar, pero no podía dejar de hacerlo, pero pensar no es razonar, su razonamiento era vago e inconexo. Si pensaba los colores de las paredes se animaban aún mas y sus ojos le escocían, pero no podía llorar, lo cual le aumentaba su desesperación, y la esta a su vez aumentaba todo malestar. En ese estado de ansiedad deliraba, frente a él ahora había un puente era de madera, inestable, lo invitaba a cruzar pero no sabía a donde iba, el temor y terror de la incertidumbre le invadía y lo paralizaba aún mas. Él miraba el puente que tenía pasamanos de madera pulida, hermosa, fina, como las que se ven en esos muebles franceses antiguos y elegantes, en las tablas del piso del puente hechas de madera similar, se enroscaba una hermosa enredadera de hojas verdes perfectas y zarcillos abundantes, exquisita, delicada, de flores pequeñas pero llenas de belleza, parecían estar en constante movimiento, la enredadera trepaba hasta el pasamanos y se enroscaba de una forma muy seductora, como una amante devota en el cuerpo de su amado en una noche fresca; adornando de flores el pasamanos cuya seguridad se veía disminuida por la belleza de la intimidad que exhibían. Era difícil decir donde terminaba el puente, él sabia que antes ese era su puente, pero ahora no podía cruzarle sin arruinar la belleza del cuadro que tenía enfrente, el quería ser de madera para que la enredadera fuer tras de él también, pero solo tenía hilos de oro en la mano, que el pasamanos del puente recibía alegremente para ser ornado, pero no tenía el movimiento, las flores y los perfectos zarcillos que amorosamente se aferraban a la madera. Él sabia que no había suficiente oro para que el puente le permitiera eternamente el paso por siempre, y ahora ya no veía a donde el puente llegaba. Y las paredes se llenaban de colores y el calambre dominó sus piernas y cayó de rodillas, pero no podía llorar, porque la desesperación había invadido sus ojos. Los colores desaparecieron el puente se alejaba, lentamente se perdía en la misma infinita distancia que ya no podría cruzar, el puente y la enredadera una se amaban y él los deseaba, desea su intimidad, desea su cariño, quería ser parte del cuadro quería ser como los cables del puente y soportar lo tablones, y permitir ser invadido por la enredadera, pero no sabía como o si era posible. El blanco cubrió las paredes de colores, frío y estéril, nubló su visión. 

En medio de la selva yacía Brayan, pero ya no era el mismo, ya no era un viejo débil y desdentado, era un hombre maduro lleno de fuerza, estaba tumbado inconsciente al lado del cadáver de un campesino al que un burro le había destrozado el pecho y la cara con una coz, pero había muerto desangrado, había perdido toda la fuerza vital a manos de un anciano loco, que ya no era anciano, que en ese instante abría los ojos en medio de la selva, unos ojos profundos y negros que expresaban un odio, odio que solo podría ser aplacado por la venganza. Brayan ya no solo tenía un pensamiento fijo en mente, él completo era el resultado de una obsesión: dar muerte a los que asesinaron a sus seres mas amados. Allá en la selva, Brayan estaba echado en el suelo lleno de musgo húmedo y hediondo a descomposición vegetal y sangre fresca, mirando un techo verde esmeralda, con el cuerpo lleno de una nueva energía y, la mente de una nueva resolución y el recuerdo de unos amantes cuya belleza fue interrumpida y negada para él, tumbado en la selva había una bestia sedienta de sangre, con un corazón que vació todo el amor para llenarlo de odio. Los ojos negros de Brayan parpadearon una sola vez y la selva se llenó de un susurro y él ya no estaba inmóvil, volvía a correr furiosamente, en busca de su próxima victima.

lunes, 13 de enero de 2014

Asfalto



Abraham no era huérfano, ni provenía de un hogar que se estuviera disolviendo, ni en problemas, todo lo contrario, en su casa era muy amado, hasta admirado, a su corta edad es la persona que unifica criterios en la casa donde viven sus padres y hermanos, varias veces al año deja su ocupada vida para dedicarle algo de tiempo a su familia, a organizarla, a resolver disputas, a ayudar en el mantenimiento físico de la misma, hoy estaba orgulloso de haber pintado su casa en poco tiempo. Y se sentó con una cerveza en la mano estirando las piernas, recordando que hace siete años atrás había abandonado esa casa porque necesitaba independencia, donde nadie pudiera decirle como llevar su vida. A los quince años fue una persona resuelta y determinada a llevar una vida plena sin importar el contexto social. Recordaba como había llegado a Caracas, solo con un morralito, la cara de niño y quinientos bolívares, por un tiempo durmió en un lúgubre hostal donde le alquilaban habitación por noche a un precio ínfimo, pero el poco dinero que tenía solo le garantizaba diez días de cobijo, sin alimentación, su primer golpe fue como conseguir sustento, vagando por las calles un día conoció a unos muchachos de piel oscurecida de tanto pasar el día bajo el sol caraqueño, entre esquinas y semáforos, entre carros y autobuses, haciendo maromas y lanzando objetos al aire en un acto circense callejero, ahí aprendió el arte del malabarismo y el equilibrismo sobre un monociclo. Era muy hábil, solo había dejado caer un pino una vez, y fue en su primer intento, después de eso nunca mas un objeto se le había caído. Un día mientras practicaba en una esquina de una plaza, una nueva rutina muy compleja, un joven se le acerca, Abrahan ya se había fijado en el muchacho, pero nunca hacía un primer movimiento, siempre esperaba que fueran hacia él, siempre estaba confiado en su carisma, no desconocía es cualidad suya por el contrario la usaba muy seguido. Ese día el muchacho resultó ser un productor de teatro que lo observaba y había decidido incluirlo en una nueva obra en la que habían momentos en que se efectuaban espectáculos de circo. Jorge, no solo recogió un artista callejero, pronto se dio cuenta que era un excelente actor y al poco tiempo Abraham protagonizaba obras de los mas talentosos escritores nóveles de la movida teatral Caracaqueña.

Estiró los brazos para desperezarse, casi hace que se le derrame la cerveza pero con una floritura de la mano logra que todo el líquido vuelva a entrar en la botella. Estaría tres días en Barinas, luego volvería a la capital, y vería a Jorge y le contaría que su madre le compró la última colección de discos de Coldplay como regalo de navidad, estaba seguro de que él le regañaría por beber tanto, pero valía la pena, hoy sus amigos de la infancia lo vendrían a  buscar e irían a una disco, que en realidad no era mas que un bar grande, pero era una ciudad de campesinos y vaqueros versión latina, claro que Jorge no se enteraría de esto, después de cuatro años él lo conocía muy bien y sabía que desaprobaría la intensidad de la juerga a la que se iba a someter y le armaría un rollo, Abraham, es impetuoso, dinámico, lleno de energía, tanta que requiere pasar el día realizando muchas actividades porque en el momento en que no drene ese exceso experimentará estrés por ansiedad.

"La noche será larga y divertida, debería comer algo para aguantar mas" - pensó y se levanto del cómodo sofá azul de tela parecida al terciopelo, que le invitaba a volver como la novia que con brazos abiertos que llama al amante para que regrese a ella. Apartó la mirada del sofá, la imagen no le desagradó, pero se confundió no era lo usual en él. Dejó la botella de cerveza en una mesita contigua, sonrió y caminó hacia la cocina. Sobre el mesón principal su madre había dispuesto los cuchillos de la platería especial de navidad para ser usados en la mesa de noche buena, siempre le habían gustado esos cubiertos, plateados, con un bajo relieve que asemejaban enredaderas. Sus pensamientos divagaban entre los recuerdos de sus tiempos en el circo, la noche de alcohol y sexo que el esperaba, Coldplay, Jorge ... Un fuerte golpe lo saca de su ensueño, alguien golpeaba la puerta de la cocina, un segundo golpe muy fuerte en la sala, oye a su madre gritar, un tercer ruido invade la cocina, la puerta se abre repentinamente, soltado pedazos de madera, un hombre armado con una escopeta está de pié en el umbral de la puerta cocina, no hay tiempo para pensar, sin saber como, tenía un puñado de cuchillos en la mano y en un rápido y continuo movimiento lanza dos cuchillos que entran limpiamente en las cavidades oculares del asaltante que se desploma silenciosamente, Abraham oye el chillido de uno de sus hermanitos, y a una voz desconocida llamar al otro asaltante que aparentemente se llamaba Carlos, cuando estaba en vida. El chillido de su hermano lo impulsa a ir a la sala, aun conserva varios cuchillos en las manos. Apenas entra a la sala nota a su madre arrodillada, en el piso el cuerpo inmóvil de su padre y su hermano menor abrazando a su madre que tiembla sin control. El asaltante que era de contextura gruesa, calvo y tenía la nariz como un brócoli, levantó y apuntó el arma hacia Abraham, el ambiente olía a asfalto caliente, como cuando hizo su primera presentación callejera, cerca de una avenida que estaban pavimentando. Vio como se tensaba el dedo de Brócoli, así lo bautizó en su mente, sabía que iba a disparar, Abraham se inclinó a la izquierda un poco, tropezó la mesita que tenía la cerveza encima, esta se tambaleó y cayó, un brazo de Abraham salió disparado en busca de la botella, el otro en dirección al asaltante, bang, sonó la pistola, sintió un zumbido muy cerca de su oído derecho luego un golpe seco en la pared a su espalda, el frío de la botella de cerveza en su mano, ni una gota se había perdido, la mesita estaba estable otra vez, y un silencio profundo en la habitación solo interrumpido por un gorgoteo que provenía del piso, donde yacía Brócoli con un cuchillo clavado en su garganta, mirando fijo al techo con una expresión de desesperación por no poder sacarlo de su cuello, ahí moría Brócoli, ahogado por su propia sangre una noche de diciembre que olía a asfalto caliente, Abraham tomó su cerveza y se sentó en el sofá, acarició la tela y lloró, jamas había pensado en matar a nadie en su vida y eso le dolía porque lo había hecho, no una, sino dos veces, su madre vio la cara de desesperación de su hijo corrió a abrazarlo y lloraron los dos, hasta que llegó la policía.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Canela

    
La habitación era muy blanca y pulcra, en el ambiente no se percibía olor alguno, las paredes eran blanca, al igual que el piso, el techo  y la amplia puerta que era el único acceso visible, no habían ventanas, en cambio había sido colocada en una pared una imagen con calidad fotográfica de un paisaje urbano que recibía iluminación directa para darle vida, pegadas a la pared opuesta habían cuatro camas clínicas, cada una con su conjunto de instrumentos  monitores médicos, tres de ellas estaban ocupadas, por pacientes inconscientes, el mas cercano un hombre joven muy blanco, de cabellos negros como el azabache y de rostro atractivo, el segundo es un hombre mayor con expresión relajada y la cara marcada por cicatrices de heridas que debió  haber sufrido hace ya mucho tiempo, el tercero parecía una momia cuyos miembros habían sido cercenados, envuelto en gasas y esparadrapos, infinidad de tubos salían de entre los vendajes, todos estaban conectados al otro extremo a un panel en la pared, por ellos circulaban líquidos, de distintos tonos y sangre del mismo paciente. El único movimiento de la habitación era el de las dos pequeña cámara colocadas estratégicamente en esquinas opuestas. Un breve tono inunda el silencio de la habitación y le sigue el chasquido de cierre electrónico de la puerta, que se abre para dar paso a un hombre mayor enfundado en una bata blanca, con lentes cuyo marco es de metal oscuro y un espeso bigote canoso.
- Buenos días Ian, dame un resumen del progreso del paciente T-3 - dijo el hombre de blanco, inmediatamente una voz neutra, ausente de emoción llena la habitación,
- Buenos días doctor Fleischer, el paciente T-3 se encuentra actualmente en estado estable, la cicatrización de las heridas superficiales se ha completado satisfactoriamente, ya es posible remover los vendajes, sin embargo no reacciona eficientemente al curador, y la regeneración de los miembros está  tomando mas tiempo del estimado - Ian, es el nombre que la daba el equipo médico, pero lo correcto es IAAM por Inteligencia Artificial para Asistencia Médica, y responde únicamente a las ordenes del personal de las instalaciones.
- Ian, ¿Ya se realizó el análisis de compatibilidad de ADN? - El doctor Weiss Fleischer lleva viviendo mas de 40 años en el país, llegó en los 70 para iniciar una investigación con el Doctor Convit, luego de un descubrimiento clave en el campo de la regeneración celular es contratado por una agencia secreta privada y desde entonces ha dedicado su vida al desarrollo de tecnología en el campo de la biomédica.
- Afirmativo doctor Fleischer. - La voz fría de la inteligencia artificial era algo hecho deliberadamente para evitar que el personal olvidara que trataban con algo no humano, sin embargo al doctor Fleischer se le olvidaba con frecuencia y desesperaba cuando la máquina respondía sus preguntas de forma sistemática y exacta. - ¿Podrías elaborar? ¿qué resultados arrojaron los análisis? - un tono de disgusto se dejó apreciar en la voz del doctor.
- Compatibilidad de ADN al proceso de regeneración de 99.7%. Mínima probabilidad de fallo.
- ¿Qué puede estar ocasionando este comportamiento? ¿Qué no está funcionando adecuadamente? - Pensó en voz alta el doctor, pero Ian lo interpretó como un requerimiento y extendió el análisis.
- Las ondas cerebrales del paciente T-3 presentan un comportamiento atípico, las evaluaciones médicas indican que no hay daño cerebral permanente, sin embargo el patrón de ondas corresponde a sujeto ausente.
- ¿Que? - casi grita el doctor Fleischer - eso es imposible, eso es solo teórico o cosas de monjes budistas. Pon en pantalla el análisis de ondas cerebrales.

...

    La paz que lo rodeaba era abrumadora, no había ruidos que lo hicieran sobresaltarse, la luz del ambiente era perfecta, el aire se sentía ligero, diáfano, la temperatura ambiental era perfecta. - Debo estar muerto - pensó, pero algo le hacía intuir que no era así - ¿en donde estoy? - trató de enfocar la vista para detallar su entorno, pero todo era muy confuso, hasta que vio una pequeña luz, como una ventana y decidió acercarse, pero no sentía las piernas, ni los brazos, sin embargo, sintió que se desplazaba hacia la ventana, ya cerca de la misma pudo ver una figura, era una mujer, si, una mujer mayor, era su...
- ¡Mamá! - gritó, pero aún no estaba tan cerca de la ventana como para que su madre escuchara. Corrió a la venta con las piernas que no sentía y se sujetó al marco de la misma con los brazos que no sentía. - ¡Mamá! - volvió a gritar, observó a su madre detenerse frente a la ventana sin mirar directamente - ¡Mamá, aquí estoy! - insistió, la anciana volteó la cara hacia él para luego gritar y echarse a llorar desconsolada - Sabía que estabas muerto, ¡ay, mi hijito adorado, ay! - se tapó el rostro con las manos pero tantas eran las lagrimas, que empezaron a salir por entre los dedos.
    Fue entonces que Evaristo sintió frío pero no era un frío de esos que sientes en la piel o en los huesos, ese que te hiela el alma y te deja petrificado, quería llorar, pero no podía, quería gritar y no lograba emitir sonido, quiso soltarse de la ventana pero esos brazos que no sentía ya no le respondían y de repente todo se puso oscuro, solo escuchaba la voz de su padre llamándolo en un tono calmado y tranquilizador.

...

- Doctor Fleischer, los patrones de ondas cerebrales de los pacientes T-1 y T-3 han cambiado y se comportan de manera irregular - indicó Ian.
- ¿Que irregularidad están presentando? - preguntó el doctor con un marcado tono de fastidio en la voz
- Ambos patrones tienen onda portadora sincronizada.
- ¿Que? Ian, muestra en pantalla ambos patrones. - el doctor mira detenidamente las imágenes unos instantes - Ian, por favor realiza un diagnóstico de los equipos de medición de ondas cerebrales.
- Enseguida doctor. - Se apresuró a responder al IA.
Luego de 30 segundos la inteligencia artificial, Ian, con un breve tono llama la atención del profesor que se veía absorto en sus pensamientos.
- Doctor, los resultados de los diagnósticos indican que todo está funcionando perfectamente.
- ¿Que demonios está sucediendo? - pensó en voz alta el científico.
- Una coincidencia de portadoras de ondas ... - empezó a explicar Ian pero el doctor le interrumpió.
- Ya lo se, era solo una pregunta retórica. - se sentó, mas bien se dejó caer, en una pequeña e incomoda silla secretarial. Una señal de alarma emepezó a sonar - ¿Ahora que?
- Los patrones de onda están fluctuando peligrosamente en ambos pacientes, puede que sus cerebros se detengan en cualquier momento.
- Ian, administra 5mg de fluoxetina a los pacientes T-1 y T-3 y prepara electro choque, encaso de que no haya reacción favorable. - El doctor seguía mirando la pantalla, veía las ondas oscilar en dos cuadros, veía como si fueran una pareja bailando una siguiendo a la otra, una danza exótica, compleja, mortal.

...

    Había un intenso olor a canela, eso le hizo recordar a Evaristo aquella experiencia de su infancia cuando se cayó de la parte alta de su litera y fue a dar la frente contra el suelo, todo se llenó de luces, y un intenso olor a canela, que cuando recobró el conocimiento pensaba que su mama estaba haciendo pastel de manzana y lo primero que hizo fue pedirle un pedazo, Carmela no entendía la solicitud del hijo y solo supuso, correctamente, que había sido el porrazo en la cabeza.

- Evaristo - Las voz profunda de su padre resonó, todo olía a canela con mas intensidad.

La oscuridad parecía ceder, ahora que comprendía que lo que escuchaba era a su padre, "¿papá, eres tú?" se atrevió a preguntar en voz alta.

- Hijo, necesito que te calmes, por favor de lo contrario te puedes lastimar. - Un tono de urgencia se podía percibir.

Evaristo se concentró en calmarse, pero le parecía una tarea imposible, además, el olor a canela, ¿de donde provenía? decidió que podía atender lo de la canela en otro luego, entonces sintió como su mente se iba calmando, a la vez que el olor disminuía y su visión aumentaba, vio que aún sujetaba el marco de la ventana,  y que esta flotaba en el aire, luego sintió que alguien le observaba, a su izquierda a unos metros estaba su padre, pero no pudo soltarse de la ventana, hacía unos instantes había visto a su madre.

- ¡Papá! - gritó - ¿que está pasando? ¿estoy muerto?
- Es como si lo estuvieras. Yo tampoco se donde estoy. Pero muerto no, es una corazonada, no tengo la certeza, pero no creo que estemos muertos, al menos no desde el concepto religioso, esto no es ni el cielo ni el infierno ni nada que yo haya escuchado antes, además según los budistas...
- Papá, ¿podrías dejar de ser un profesor hasta en la muerte? - gritó Evaristo, sentía que la ira lo embargada y un olor a canela inundaba el ambiente. - ¿y por qué huele todo a canela?
- ¡Ah! ¡Eres tu! - Dijo con inmenso asombro - Creo que empiezo a entender. ¡Cálmate! creo que cuando te alteras, algo sucede que empieza a oler a canela.
- Como me pides que me calme, si hablo con mi padre que murió hace cinco años, ya se que mamá y tu se habían divorciado mucho antes, pero le afectó mucho, creo que por tu culpa mi mama está loca.

Un olor a café tostado invadió el ambiente.

- ¿A que huele? ¿a café? - Preguntó Evaristo, con enorme curiosidad, casi se olvidaba de su disgusto, cuando repentinamente imágenes de su hermana se vinieron a su mente.

- ¡Ramona! - Exclamaron hijo y padre a la vez. 
- ¡Ramona! - Había susto y sorpresa en el llamado.
- ¡Ramona! - gritaron a la vez que las imágenes se sucedían, esta vez con desesperación.

Pero repentinamente una ola de paz los invadió, y todo estaba tranquilo, sentían como si los hubieran vaciado y sus necesidades hubieran sido suplidas y solo quisieran dormir. Todo se volvió oscuro.

...

- Doctor, los pacientes están reaccionando favorablemente a los medicamentos. - intervino la voz fría de la I.A.
- Gracias Ian, por favor realiza exploraciones a a intervalos de 15 minutos, cualquier novedad me la notificas inmediatamente. Si el doctor Panace pregunta por mi dile que estoy investigando el paradero de mi hija y mi nieto, las autoridades no han conseguido restos de infantes en el atentado, así que probablemente no estuvieran por la zona.

- Afirmativo Doctor.



jueves, 3 de octubre de 2013

Burro


Jairo yacía en el suelo, la mitad izquierda de su rostro estaba cubierta de sangre, la hinchazón de de su ojo le había inutilizado parcialmente la visión, todo parecía un sueño, las cosas parecían moverse lentamente. El chillido de una niña desató una descarga de adrenalina que lo trajo momentáneamente a la realidad. Trató de enfocar la vista y vio al campesino golpear a Reina y hacerle caer de bruces sobre el piso, ella gritaba y lo llamaba. - "¡'airo! ¡'airo! ¡Ayudame!" - Jairo trató de moverse, pero no pudo, la piernas no le respondían, el cuello y la cabeza le dolían como nunca nada le había dolido nada en el mundo, pero eso no era peor que la desesperación de no poder hacer nada par ayudar a su hermana; solo podía pensar "estoy delirando, esto no pasa. ¿Cómo llegamos a esto?" Entonces  su cabeza empezó a llenarse de recuerdos; estaban en este paraje cuando el campesino, les dijo que esperaran. Era un lugar solitario, un claro en medio de la selva, el monte alrededor le llegaba al cuello pero no en este punto, acá habían hecho una pausa en el recorrido; solo eran ellos tres y un burro que llevaba unos fardos de contenido desconocido para Jairo y sobre los fardos iba Reina. El campesino hizo una pausa con la excusa de arreglar los fardos, Jairo aprovechó para mirar alrededor, estaba desorientado, todo era muy verde, en la selva en algunos momentos todo estaba oscuro y el verde era casi negro, en otros el sol entraba por las ramas de los arboles de manera tan intensa que las hojas parecían esmeraldas y el suelo era ocre, pero en el claro el sol llegaba al pleno, calen taba terriblemente, pero no hacía el calor húmedo de la selva, la camisa se le pegaba a su flaco cuerpo de tanta humedad y sudor de la larga caminata en la selva. Jairo miró a Reina que aún estaba sobre burro, el campesino estaba aun acomodando los fardos; todo esto lo hacía para poder llevar a Reina al lado venezolano, como no era el tutor responsable no tenía alternativa, mirando la selva aun se preguntaba si había tomado la mejor decisión allá en Cúcuta, cuando llegaron a la ciudad fronteriza pensaba en tomar un bus que cruzara las dos naciones, pero luego le dijeron que sin papeles que le adjudicaran la tutela de la niña no podría pasar, abandonó ese camino y decidió cruzar el río, como lo hacían muchos, pero el campesino le dijo que igual lo iban a detener; su amigo John una vez le dijo que la mejor manera de cruzar era por ese río, pero el restó importancia a la sugerencia de su amigo y prefirió prestar mas atención al campesino, entonces éste le llevó desde Cúcuta primero al sur a Bucaramanga, que le llenó de asombro por sus hermosos parques y arquitectura, aunque su paso fue breve por esa ciudad la impresión que recibió le hizo decidir que algún día volvería; luego, al oeste hasta la pequeña ciudad fronteriza de Arauca, donde descansan un día en un hostal sucio y mal oliente, a Jairo ya no le quedaba mucho dinero luego de adelantarle cierta cantidad al campesino, finalmente el recorrido los lleva por la selva, de un verde intenso, calurosa, olorosa, húmeda, atestada de insectos que parecieran querer comérselos vivos, de plantas que su roce podría arrancar la piel de los descuidados, de frutas que volverían loco al ignorante que las coma, finalmente luego de horas de deambular por la selva llegan a aquel paraje, la luz entraba por el techo abierto al cielo y ahí estaba Jairo mirando la selva tan lleno de sudor que la camisa se le pegaba al cuerpo, estaba flaco, llevaba días comiendo poco, dándole siempre lo mejor a Reina, durmiendo poco, velando por ella en sus horas de sueño, había visto al campesino mirarla con esos ojos de deseo que le recordaron al drogadicto que le habían ordenado matar por deber dinero al capo, el drogadicto estaba abordando a una colegiala, y su mirada estaba llena de un deseo insano, sádico, enfermizo; recordó como le dijo a la serpiente que se escondiera en mochila de la niña pero que no le hiciera daño, y la serpiente atacó al drogadicto cuando estuvo a punto de violar la niña, pero eso fue en otra vida, antes de huir, ahora tenía que cuidar a su hermanita, y tenía que llevarla a Venezuela, allá su tía los iba a albergar y cuidar, pero tenía que recorrer esta selva oscura.
 
    Jairo oyó a Reina gemir y se volteó a ver que era, luego un flash rojo lo cegó, el dolor, el golpe contra el suelo, Reina gritando, Jairo trata de levantarse, logra ponerse a gatas, pero recibe otro golpe del campesino, esta vez en la espalda, algo se rompe, el dolor es inmenso, no podía moverse, solo podía ver como el Campesino soltaba el palo, que caía sobre la tierra, sin levantar polvo, como la luz del sol llegaba al suelo y como el hombre caminaba hacia la niña y se aflojaba el cinturón del pantalón - "¡Reina! ¡Reina! ¡corre!" trató de gritar, pero solo logró articular algo que parecía mas un gemido. El campesino atajó la niña por el cabello cuando esta trató de salir corriendo, ella gritó de horror y dolor, luego la tiró al piso, Reina pataleó, el burro resopló ante el escándalo que ocurría detrás de él. Jairo sentía que las fuerzas le fallaban, su hermana le llamaba a gritos. El burro le observaba, sus ojos parecían decir que lo sentía mucho, estaban llenos de tristeza, Jairo miró esos ojos, sentía como la vida se le iba, peor el dolor de ver su hermana sufrir que el de morir así. "¡ayúdale! por favor, me muero, ella es una niña" le imploró lagrimas en el ojo sano que nublaban la visión de su hermana de bruces y el campesino que se bajaba los pantalones con una mano, mientras que con la otra sujetaba a Reina. "¡ayúdale¡" - gimió y el burro parpadeó una sola vez, la niña gritó cuando el campesino arrancó violentamente las bragas de la niña y las arrojó a lado del rostro de la niña cerca de las patas traseras del burro; con el rostro transfigurado de ansiedad y deseo sádico, un hilo de saliva le colgaba de la comisura de la boca, acercó su cintura a la niña dispuesto a abusar de ella.

    El burro rebuznó, y sus pezuñas traseras dejaron de tocar el suelo, se levantaron al aire llevando consigo parte de la tierra, primero la derecha, luego la izquierda, pasaron muy cerca del rostro de Reina, la primera se hundió en el rostro del campesino, haciendo desaparecer su nariz dentro del rostro ya deforme del campesino, un diente lleno de sangre salta de la boca para caer en la frente de la niña; casi inmediatamente la pezuña izquierda da de lleno en el pecho del campesino haciendo crujir sus huesos y volar inerte unos cuantos metros, cayendo pesadamente sobre la tierra seca y polvorienta, yaciendo con una respiración aparatosa, un poco de vida que no duraría mas de unos minutos.

    Reina lloraba desconsolada, sentada en el suelo, voltea buscando su hermano, y lo ve tirado entre la hierba seca y el polvo, los ojos idos llenos de lágrimas, el sol inclemente da de lleno sobre su cara, el burro se mueve de forma que una sombra se proyecta sobre él y le brinda protección. Reina se pone en pié y camina hacia su hermano.

"¡'Airo, No te mueras!", sendas lágrimas llegaban a la barbilla de la niña y caían sobre el pecho del hermano, "Tu no estas viejo, aun no tienes que morirte", abrazó a su hermano con mucha fuerza, Jairo sentía el calor de su pequeña hermana, le dolía tener que abandonarla, pero le reconfortaba su abrazo, siempre fue así, y ahora es un alivio, como el agua fresca en un día caluroso, de repente se sentía muy bien, tenía energía suficiente para abrazar a su hermana, "No mi reinita, jamás te dejaré desamparada" - sintió que podía mover sus piernas y se sentó y le sonrió a Reina y supo que iba a estar bien, que algo había pasado pero que sus heridas habían sanado; empezó a revisar sus piernas cuando un movimiento al borde de los árboles lo distrajo, vio un viejo sucio que tomaba el cuerpo del campesino por un brazo y lo jalaba al bosque como un muñeco de trapo, le pareció ver que el viejo besaba al campesino en el cuello, cuando se oyó una risa histérica desde el bosque que le hizo poner los vellos de punta, y algo le impulsó a decirle a su hermana "Vayámonos reinita, acá hay diablos o cosas peores"

lunes, 10 de junio de 2013

Sicario

   Sentado en la acera frente a su casa, en un barrio pobre de Bogotá, sosteniendo una serpiente muerta en las manos estaba Jairo, un joven blanco de cabellos muy negros y rostro salpicado de acné, estaba llorando, el animal lo había acompañado desde que tuvo que abandonar la pequeña granja de su familia. Jairo recordaba como había conseguido esa serpiente; fue cuando iba por el camino que va desde el pueblito hasta esta ciudad fría y plana, entonces le acometieron unas terribles ganas de orinar y se salió a un lado del camino, para ocultarse detrás de unos matorrales, cuando estaba desabrochando el cinturón del pantalón, la casualidad hace que mire a un lado y se percate de que había una serpiente en actitud amenazante a punto de asestar su mordida.

- Vea, no se le ocurra morderme, que capaz la que muera envenenada sea usted. - le dijo con un tono casual y tranquilo como el que le habla a un amigo. Y la serpiente no le mordió, bajó la cabeza y parecía mirarle con atención; al terminar se subió los pantalones y observó la serpiente por un rato, luego sin saber porqué le extendió la mano y el reptil trepó por su brazo y se escondió debajo de la manga de la camisa, y ahí quedó quieta disfrutando del calor del que pudo haber sido su victima. Pero de eso ya han pasado mucho años y muchos muertos.



  El ruido de la puerta de la pequeña casa de ladrillos y madera le hizo salir de su ensimismamiento. La niña le miraba con los ojos llenos de lagrimas, ella recorre en cuatro pasos, tantos  como años tiene, el espacio que la separa de él, y se sienta a su lado, muy derecha, todo lo que su infancia le permitía, y le mira piadosamente.

- Los siento 'airo - la voz angelical demostraba tanto sufrimiento como el que él mismo sentía.
- No te preocupes mi reinita bella, estaba vieja, todos los viejos se mueren algún día. - enrolló lo mejor que pudo la serpiente y la metió en una bolsa de tela que le regaló su abuela.
- ¿La 'güela también se va a morir? - le preguntó con los ojos abiertos de par en par, como si temiera que el evento fuera en ese momento.
- No que va, si para eso hace falta mucho. - le dice con un tono de despreocupación intencional para evitar asustar a la niña, a la vez que mira al interior de la casa.
- Vamos, reinita, echemos la culebra por un cerro para que sirva de comida a la vida nueva. - tomando de la mano a la niña y tirando de ella para caminar por el camino que conducía a la salida del barrio. Al llegar al lugar que consideró mas apropiado, lanza el paquete cerro abajo y se queda mirando un rato, vuelve a tomar la mano de la niña pero ella protesta.
- ¿Vea, 'airo, usted no piensa rezar? - su cara de enfado demandaba inmediata respuesta.
- No mi reinita, a los animales no se les reza - al ver la expresión de poco entendimiento de la niña, termina extendiendo la explicación -  es que los animales no tienen espíritu y los rezos son para el espíritu. 
- ¡ja! Pero sí tienen sentimientos - La voz no era la infantil voz de la niña, era gruesa y como si viniera de unos audífonos, nítida, sin ruidos, dio media vuelta y ahí estaba un perro Pastor Alemán sentado sobre sus cuartos traseros mirándole con indignación.
- ¿Pero que carajo? ¿Reinita usted sabe de quien es ese perro? - le pregunta a la niña ignorando al perro completamente.
- No 'airo, pero está muy bonito, ¿nos lo podemos quedar? - respondía alegremente a la vez que abrazaba sin temor el cuello del perro que le superaba en altura.
- No, no podemos, no sabemos de quien es y la abuela se va a enojar si se entera que nos robamos un perro. - Aunque sabía que a la abuela no le iba a importar, siempre preferiría un perro a una culebra.
- Yo no tenía dueño - dijo la voz esta vez sonaba mas a un ladrido que a una voz ronca, pero con una fuerte nota de alegría.
- ¿Como que no TENÍA dueño? ¿Acaso consiguió dueño mientras estamos acá? pero primero me dice porqué le entiendo - Pero no estaba sorprendido, el sabía que podía comunicarse con la serpiente o al menos que ella siempre entendía lo que él le decía, pero jamás le había respondido.
- ¿Y que no lo hace todo el mundo? - jadeó la voz al mismo tiempo que el perro se levantaba y se ponía a su lado - Mi amo eres tu - Jairo miró al perro unos instantes, le tomó la mano a la niña y se puso en marcha a la vez que le dice:
- Vamos a casa mi reinita, tenemos perro nuevo - y la niña saltó tomada de la mano de Jairo gritando de alegría.
- ¿Y este animal de quien es? - preguntaba la abuela desde el portal de la casa, ataviada con un vestido de una sola pieza hasta los tobillos, estampado de flores, a la vez que se ajustaba el poncho alrededor de los hombros.
- Es nuestro 'güela. Lo conseguimos cerca del cerro donde tiramos la culebra. - gritaba la niña a la vez que saltaba y abrazaba al perro, que se dejaba hacer dócilmente.
- Jairo, te vino a visitar el señor Benancio - le dijo su abuela a la vez que ponía una cara de desagrado como si un olor desagradable pudiera salir de ese hombre.

   El joven entró a la casa seguido del perro y de la niña, la abuela se quedó en el portal mirando la calle en una y otra dirección, avistó a una vecina y le hizo una seña para indicarle que estuviera atenta a cualquier eventualidad en la casa, se volvió y entró al calor y poca luz del hogar que consistía en tres espacios uno para cocinar, otro con una mesita y algunas silla baratas de madera, este el último separado del resto por una cortina de tela cuidadosamente elaborada donde dormían los tres.  En una silla junto a la mesa estaba un hombre de facciones indígenas, de poco pelo, piel cobriza, estatura media y un ojo ciego, en blanco, producto de alguna pelea de juventud, vestía un traje barato que no se ajustaba a su talla; al ver entrar a Jairo el hombre se puso de pie. 
- Tienes un trabajo nuevo - le dice a Jairo sin miramientos, ni saludos, ni protocolos.
- ¡Ay que pena su mercé! Pero ya no puedo hacer trabajos, se murió la culebra. - al mismo tiempo mira el suelo de barro pisado, como si esperara verlo llenos de lágrimas en cualquier momento.
- ¡Que pena ni que carajo! Usted me hace el trabajo, o usted se vuelve el trabajo, o su abuela o su hermanita. - El hombre apuntaba la niña, que abrazaba al perro con los ojos llenos de miedo antes los gritos de aquel tipo horrible.
- Este hombre apestoso, huele a muerto, le voy a morder tan duro que no volverá jamás a meterse con mi amo. - la voz era un gruñido fiero e intenso - ¡No! -  Dijo Jairo al perro, pero el hombre lo interpretó como una negativa a su demanda.
- ¿Como que no? Niño, ahora vas a ver como me cargo a la niña para que aprendas, para que sepas quien manda, y si haces algo, a ti también. - el hombre se llevó una mano al interior de la chaqueta del traje, ¡BAM! El ruido metálico de la sartén al chocar con la cara del hombre fue acompañado de un par de dientes y sangre, ¡BAM! repite el ruido, pero sumado a otro como el de un trozo de madera cuando se rompe y el cuerpo del hombre se desploma.
- ¡Abuela! ¡Pare! ¡Pare! - Pero Jairo no hizo el intento de quitarle la sartén a la abuela.
- ¡Otro! ¡Otro! ¡Me gusta esta señora! - Ladraba el perro con obvia excitación.
- Jairo toma a tu hermana y vete a casa de tu tía en Venezuela - a la vez saltaba sobre el cuerpo tendido en el piso y corría a la habitación para luego salir con un fajo de billetes, documentos de identificación y un pedazo de papel.
- Toma hijo, toma, corre y no digas a donde vas, no te preocupes por mi, ya estoy vieja no me harán nada.     
   Él tomó el dinero, los documentos y vio que en el papel había anotada una dirección en Caracas, sujetó a la niña de la mano y caminó rápido a la puerta, una vez junto a ella se voltea y mira al perro 
- Cuida a la abuela. - El can movió la cola en señal de afirmación.
- Corre, hijo corre y no use mas animales para matar, búsquese un trabajo honrado, Dios lo bendiga y me lo cuide. - Las lágrimas de la abuela caían sobre el suelo de tierra pisada; Jairo se juró así mismo nunca mas desobedecer a esa mujer que sabía cosas de él que jamas había contado a nadie y sin embargo le había dado tanto amor.