lunes, 13 de enero de 2014

Asfalto



Abraham no era huérfano, ni provenía de un hogar que se estuviera disolviendo, ni en problemas, todo lo contrario, en su casa era muy amado, hasta admirado, a su corta edad es la persona que unifica criterios en la casa donde viven sus padres y hermanos, varias veces al año deja su ocupada vida para dedicarle algo de tiempo a su familia, a organizarla, a resolver disputas, a ayudar en el mantenimiento físico de la misma, hoy estaba orgulloso de haber pintado su casa en poco tiempo. Y se sentó con una cerveza en la mano estirando las piernas, recordando que hace siete años atrás había abandonado esa casa porque necesitaba independencia, donde nadie pudiera decirle como llevar su vida. A los quince años fue una persona resuelta y determinada a llevar una vida plena sin importar el contexto social. Recordaba como había llegado a Caracas, solo con un morralito, la cara de niño y quinientos bolívares, por un tiempo durmió en un lúgubre hostal donde le alquilaban habitación por noche a un precio ínfimo, pero el poco dinero que tenía solo le garantizaba diez días de cobijo, sin alimentación, su primer golpe fue como conseguir sustento, vagando por las calles un día conoció a unos muchachos de piel oscurecida de tanto pasar el día bajo el sol caraqueño, entre esquinas y semáforos, entre carros y autobuses, haciendo maromas y lanzando objetos al aire en un acto circense callejero, ahí aprendió el arte del malabarismo y el equilibrismo sobre un monociclo. Era muy hábil, solo había dejado caer un pino una vez, y fue en su primer intento, después de eso nunca mas un objeto se le había caído. Un día mientras practicaba en una esquina de una plaza, una nueva rutina muy compleja, un joven se le acerca, Abrahan ya se había fijado en el muchacho, pero nunca hacía un primer movimiento, siempre esperaba que fueran hacia él, siempre estaba confiado en su carisma, no desconocía es cualidad suya por el contrario la usaba muy seguido. Ese día el muchacho resultó ser un productor de teatro que lo observaba y había decidido incluirlo en una nueva obra en la que habían momentos en que se efectuaban espectáculos de circo. Jorge, no solo recogió un artista callejero, pronto se dio cuenta que era un excelente actor y al poco tiempo Abraham protagonizaba obras de los mas talentosos escritores nóveles de la movida teatral Caracaqueña.

Estiró los brazos para desperezarse, casi hace que se le derrame la cerveza pero con una floritura de la mano logra que todo el líquido vuelva a entrar en la botella. Estaría tres días en Barinas, luego volvería a la capital, y vería a Jorge y le contaría que su madre le compró la última colección de discos de Coldplay como regalo de navidad, estaba seguro de que él le regañaría por beber tanto, pero valía la pena, hoy sus amigos de la infancia lo vendrían a  buscar e irían a una disco, que en realidad no era mas que un bar grande, pero era una ciudad de campesinos y vaqueros versión latina, claro que Jorge no se enteraría de esto, después de cuatro años él lo conocía muy bien y sabía que desaprobaría la intensidad de la juerga a la que se iba a someter y le armaría un rollo, Abraham, es impetuoso, dinámico, lleno de energía, tanta que requiere pasar el día realizando muchas actividades porque en el momento en que no drene ese exceso experimentará estrés por ansiedad.

"La noche será larga y divertida, debería comer algo para aguantar mas" - pensó y se levanto del cómodo sofá azul de tela parecida al terciopelo, que le invitaba a volver como la novia que con brazos abiertos que llama al amante para que regrese a ella. Apartó la mirada del sofá, la imagen no le desagradó, pero se confundió no era lo usual en él. Dejó la botella de cerveza en una mesita contigua, sonrió y caminó hacia la cocina. Sobre el mesón principal su madre había dispuesto los cuchillos de la platería especial de navidad para ser usados en la mesa de noche buena, siempre le habían gustado esos cubiertos, plateados, con un bajo relieve que asemejaban enredaderas. Sus pensamientos divagaban entre los recuerdos de sus tiempos en el circo, la noche de alcohol y sexo que el esperaba, Coldplay, Jorge ... Un fuerte golpe lo saca de su ensueño, alguien golpeaba la puerta de la cocina, un segundo golpe muy fuerte en la sala, oye a su madre gritar, un tercer ruido invade la cocina, la puerta se abre repentinamente, soltado pedazos de madera, un hombre armado con una escopeta está de pié en el umbral de la puerta cocina, no hay tiempo para pensar, sin saber como, tenía un puñado de cuchillos en la mano y en un rápido y continuo movimiento lanza dos cuchillos que entran limpiamente en las cavidades oculares del asaltante que se desploma silenciosamente, Abraham oye el chillido de uno de sus hermanitos, y a una voz desconocida llamar al otro asaltante que aparentemente se llamaba Carlos, cuando estaba en vida. El chillido de su hermano lo impulsa a ir a la sala, aun conserva varios cuchillos en las manos. Apenas entra a la sala nota a su madre arrodillada, en el piso el cuerpo inmóvil de su padre y su hermano menor abrazando a su madre que tiembla sin control. El asaltante que era de contextura gruesa, calvo y tenía la nariz como un brócoli, levantó y apuntó el arma hacia Abraham, el ambiente olía a asfalto caliente, como cuando hizo su primera presentación callejera, cerca de una avenida que estaban pavimentando. Vio como se tensaba el dedo de Brócoli, así lo bautizó en su mente, sabía que iba a disparar, Abraham se inclinó a la izquierda un poco, tropezó la mesita que tenía la cerveza encima, esta se tambaleó y cayó, un brazo de Abraham salió disparado en busca de la botella, el otro en dirección al asaltante, bang, sonó la pistola, sintió un zumbido muy cerca de su oído derecho luego un golpe seco en la pared a su espalda, el frío de la botella de cerveza en su mano, ni una gota se había perdido, la mesita estaba estable otra vez, y un silencio profundo en la habitación solo interrumpido por un gorgoteo que provenía del piso, donde yacía Brócoli con un cuchillo clavado en su garganta, mirando fijo al techo con una expresión de desesperación por no poder sacarlo de su cuello, ahí moría Brócoli, ahogado por su propia sangre una noche de diciembre que olía a asfalto caliente, Abraham tomó su cerveza y se sentó en el sofá, acarició la tela y lloró, jamas había pensado en matar a nadie en su vida y eso le dolía porque lo había hecho, no una, sino dos veces, su madre vio la cara de desesperación de su hijo corrió a abrazarlo y lloraron los dos, hasta que llegó la policía.