lunes, 27 de mayo de 2013

Rubí


-Ramona, hija, ve a buscar a tu hermano, estoy asustada, acaba de ocurrir un atentado explosivo en el centro - La angustia manifiesta en la voz de la madre hizo que Ramona dejara la comodidad de su cama más rápido que la misma noticia del atentado.
- ¿Como es la vaina mamá? ¿Cuando? ¿dónde? Llama a Evaristo que busque él a Candelario, voy corriendo a la comisaría - Le gritaba a su madre a la vez que se ponía el sostén.
- Hija las líneas están congestionadas, no puedo comunicarme con tu hermano por eso te lo estoy pidiendo a ti.
- Tranquila mamá, salgo corriendo, usaré el móvil del cuerpo de investigadores para llamar a Evaristo.
-Ve con cuidado hijita, tengo la sensación de que esto es solo el principio
-¡Ay mamá! tu no eres adivina, no seas pavosa.

    Pero Ramona sabía que cuando su mamá tenía un presentimiento, era muy probable que eso sucediera, cuando soñaba con un número casi siempre acertaba, siempre jugaba ese número en la lotería comunal, ella decía que no ganaba en la lotería nacional porque estaba amañada. Ramona es la hija del medio, su hermano mayor, Evaristo, es ejecutivo de ventas de una transnacional de productos nutricionales y pasa todo el día caminando por la ciudad ubicando sus clientes, el hermano menor es Candelario, estudia séptimo grado, y es un chico de cabellos rubios y rizados, dinámico y responsable, la adoración de su familia. Ramona es una mujer alta y esbelta, de cabellos largos y rojizos, de no ser por su belleza habría sido un niña traumada, en el colegio siempre le ponían nombres, como fósforo, techo incendiado o cerro prendido, pero eso a ella nunca le afectó, porque igualmente muchas personas alababan lo hermosa que era y le decían que debería dedicarse a ser modelo, pero ella nunca había querido esa profesión, lo de ella era ser policía, así fue como al terminar el bachillerato se inscribió en la academia de investigación policial, de eso ya hace seis años, y no solo era la más hermosa mujer policía, también fue una de los mejores de su promoción, actualmente se desempeña como comisario y dirige el Departamento de Casos Complejos o “departamento de cangrejos” como lo llaman sus propios colegas de forma informal, ella era la encargada de hacer el último intento en resolver aquellos casos que nadie había podido hasta ahora, como aquel que parecía crimen pasional, donde no se podía acusar a la novia del hombre que había terminado como guarda cuchillos humano, aunque una docena de cuchillos tenía clavados, ninguno tenía huella digital o ADN de la mujer, y ella se defendía diciendo que el marido se los lanzó él mismo, o como aquel de la madre homicida que lanzó a su bebé de tres meses desde el balcón del séptimo piso de su residencia y un borracho, único testigo del hecho, decía que el bebé rebotó 3 veces antes de caer en sus brazos, sin un solo rasguño, lo único que se pudo hacer es ingresar en un hospital psiquiátrico a la madre porque creía que había parido un balón de baloncesto.



    El tráfico estaba terrible, como era de suponerse luego de un atentado dinamitero en el centro de Caracas, que normalmente es muy complicado. Ramona decidió dejar su carro en un estacionamiento público y terminar de caminar el trayecto que quedaba hasta la comisaría, intentó llamar a Evaristo pero el móvil aparecía desconectado; caminando a toda prisa desvió el  rumbo para dirigirse al colegio de Candelario, había mucha gente cuya preocupación o miedo se reflejaba en sus caras, algunos caminaban a un paso mas acelerado que el de ella, al fin llegó a la puerta del colegio, el guardia en la recepción la reconoció, le dedicó un breve saludo y le dejó pasar, dentro del colegio había un gran número de padres, madres esperando por sus hijos, le preguntó a la encargada de la recepción por Candelario, del séptimo grado, y esta le dijo que hoy no habían tenido clases en el último bloque de horas y muchos muchachos decidieron irse a sus casa por sus propios medios, algunos en grupos otros de forma solitaria. Los niveles de preocupación de Ramona se elevaron drásticamente, sentía un calor que la invadía, una sensación incómoda que comenzaba desde la superficie de su piel.

“Debí haberle comprado el bendito celular con GPS como me había sugerido la loca de Marxia.”

    Volvió a intentarlo con Evaristo, seguía sin poder conectar con su móvil, colgó, miró una litografía colgada en la recepción que reflejaba el gran incendio de Roma, le gustó la calidez de los colores, tonos de rojo y amarillos, el brillo y las sombras proyectadas que parecían arder también, pero no le agradó el motivo ni la ubicación de la copia de la obra, le pareció de mal augurio, luego del atentado de hace un par de horas; sonaba su teléfono móvil y no se dio cuenta hasta que había repicado unas cuantas veces.

- Aló. ¡Candelario! Donde coño estás metido… ¿que pasa? Habla mas lento no te entiendo… Evaristo… ¿que tu que? Dime donde estás que voy para allá a buscarte.

    Ramona corrió a la salida, hasta su auto, condujo por treinta minutos hasta llegar al aeropuerto de Maiquetía, la terminal nacional estaba abarrotada de gente tratando de salir de Caracas, algo que le impresionó es que era la primera vez que le abrumaba los olores en el aeropuerto, había una variedad y potencias mayores que las de costumbre, un hombre recostado de una máquina expendedora de refrescos tiritaba envuelto en un sobretodo, tenía la frente perlada por el sudor, estuvo a punto de acercarse al sujeto cuando un miembro del personal de seguridad del aeropuerto le abordó y preguntó si se hallaba bien, Ramona decidió dirigirse a el mostrador de la aerolínea:

- Buenas tardes señorita, necesito un pasaje a Maturín

- Buenas tardes, me permite su identificación. El próximo vuelo sale en 1 hora solo nos quedan dos asientos disponibles.

- Con uno me basta gracias. - Ramona no estaba de humor y ya empezaba a notar como se estaba volviendo más grosera al hablar. La moza del mostrador no recibió con alegría la respuesta.

- Lo siento, señorita, se acaban de apartar los dos últimos asientos, deberá esperar el siguiente vuelo para mañana a las siete am.

- ¿Como es la vaina? - La bestia había sido liberada, la sangre le hervía, sentía como los colores se le subían a la cabeza - Aquí tiene otra identificación, señorita - y le muestra su placa de oficial de la policía - ahora consígame ese asiento para el siguiente vuelo si es tan amable - Su voz era fría como el acero y afilada como una navaja, a la vez que sujetaba con toda su fuerza la placa de la comisaría.

- Discúlpeme señora oficial, en seguida le entrego su boleto. - La muchacha trabajó con una celeridad impresionante, probablemente mas para quitarse de encima a la agente, que por temor. - Aquí está, tome y tenga un feliz viaje.

- Gracias, señorita. - Sujetó el boleto, verificó la hora de partida y se encaminó al área de abordaje.

Su cabeza bullía de interrogantes y cada una de ellas generaba otras dos mas.
“¿De dónde sacó dinero para comprar un boleto aéreo para Maturín? ¿Como hizo para abordar un avión sin un permiso de su representante legal? Maturín está siete u ocho horas de Caracas si se viaja por tierra, o a unos cincuenta minutos en avión, es lógico que quiera ir lejos después de lo de hoy, pero ¿por qué Maturín? ¡Claro! Su padre vive allá, también es lógico que quisiera ir con su padre, pero como es eso que perseguía a Evaristo y luego...” - Ramona no quería pensar en la locura que le había dicho Candelario, tomó el móvil y llamó a un colega en el Departamento de Investigación Antiterrorista.

- Hola Guaicaipuro, ¿como estas?
- Me alegra mucho, bueno resolviendo unos problemas repentinos, pero me imagino que tú debes tener unos peores que los míos, sin embargo necesito un favorcito tuyo.

Ramona asintió como si estuviera hablando frente a su interlocutor.

- Necesito que me envíes por correo la lista de las víctimas del atentado apenas la tengas. Gracias Guaicaipuro, te debo un favor.

Colgó el móvil pero seguía igual de inquieta. No pasó mucho antes que volviera a sonar.

- Hola mamá. Candelario está bien, voy a buscarlo. Que ya sabías que estaba bien, ¿acaso Candelario habló contigo primero? Entonces ¿como lo sabes? No mamá, tu no viste a papá, papá murió hace diez años, mamá....mamá mejor hablamos de esto cuando regrese con Candelario... ¿como sabes que voy a Maturín? … ¿Papá? no sigas por favor… ¿QUE? Tranquilízate ya vas a ver que Evaristo regresa en la noche a casa, seguro que se quedó sin batería en el móvil, ve donde la señora Martha y quédate con ella hasta que yo regrese, por favor mamá, te quiero mucho.
 "Ahora mamá está perdiendo la cordura ¿cómo es eso de que papá le habló en la tele? ... coño"

    El padre de Evaristo y Ramona, había muerto cinco años antes en un accidente automovilístico, Candelario es hijo del segundo matrimonio de Carmina, el padre de Candelario era un investigador Científico del Ivic, cuyo avión desapareció hace tres años en el Amazonas cuando regresaba luego de una investigación sobre artefactos indígenas. Carmina siempre se acusaba así misma como portadora de mala suerte para sus maridos, que su buena suerte en la lotería absorbía la suerte en las relaciones, lo cierto es que algo había de eso, porque en su fiesta de quince años Carmina se había fijado en el guapo amigo de su primo Pancracio, un joven que se llamaba  Eustaquio, que no dejó de observarla la mayor parte de la noche, Petra su mejor amiga le había dicho “te apuesto a que Eustaquio, se te declara esta noche”, y Carmina aceptó el reto, apostaron un vestido verde contra un discman nuevo que le habían regalado a Petra recientemente, una hora más tarde, Carmina había ganado la apuesta, por supuesto, y Eustaquio era trasladado a una clínica con los zapatos orinados por un perro, el traje manchado de helado de fresa, dos dientes menos y un tenedor clavado en la coronilla, en un mar de gritos y chillidos de las madres y tías horrorizadas por el espectáculo, una sucesión de accidentes tragicómicos que hasta el día de hoy nadie se explica.

    Candelario le volvió a llamar, y ella le ordenó que tomara un taxi que lo llevara al aeropuerto, que se verían allá en no más de dos horas. Ya era hora de abordar el avión, le tocó el último puesto del lado del pasillo, eso le hizo recordar la serie Perdidos y los que se salvan por estar en la cola del avión.

"Eso es pura ficción, fantasía barata, y la vida real no es así, o llegas bien a tu destino o te mueres antes de llegar, pocos son los que pueden decir otra cosa."

   Había transcurrido cuarenta minutos desde el despegue cuando ya podía ver la ciudad, edificada sobre una meseta, amplia, llana, con pocos edificios elevados y grandes distancias entre las distintas zonas, también muchos terrenos baldíos esperando por inversionistas para que construyan sobre ellos, no era una ciudad atractiva, y mucho menos divertida, apenas tenía dos centros comerciales grandes y uno de ellos no tenía dos años de inaugurado. El avión aterrizó y ella desembarcó sin novedad, como no llevaba equipaje no tuvo que detenerse en la cinta transportadora, que no era más que una correa sin fin que atravesaba una pared desde el exterior por donde llegaban los carritos con el equipaje del vuelo para luego volcar todo su contenido, que algunos muchachos maleteros posteriormente lanzaron sobre la cinta. Salió de la sala de desembarque mirando en todas las direcciones que podía, cosa que no tomaba mucho tiempo porque el recinto de recepción era realmente pequeño, buscaba con el corazón en el cuello a su hermano menor, cuando lo vio sentado en uno de los asientos de la sala de espera, con el mismo pantalón azul marino, la camisa celeste, los zapatos negros y la mochila traslúcida con los útiles escolares, tal como había salido de casa temprano esta mañana, aceleró el paso y llegó hasta donde estaba él, y se sentó a su lado, quería abrazarlo y besarlo, pero a la vez sentía la necesidad de gritarle y darle un par de cachetadas.

- Hola. - Con la voz quebrada fue lo único que pudo decir.

    Él no había notado su llegada, alzó la vista y la cara se le llenó con una expresión de alivio o alegría o de ambas, con los ojos bien abiertos y llenos de lágrimas repentinas, se lanzó a su cuerpo buscando un abrazo, que Ramona correspondió con creces.

- Mona, mona, yo no hice nada, no sé que pasó, no fui yo. - Balbuceó, entre lloriqueo, y el sonido de la voz apagado contra el pecho de Ramona.

- ¡Mírame Cande, mírame! - Le tomó el rostro entre las manos y le obligó a mirarle la cara. - Vamos a casa, no pienses, cuando estemos allá, me contarás todo, vamos a llamar a Evaristo y…

    De repente el chico se separó de Ramona, se llevó las manos a la cabeza, chilló y lloró de manera incontrolable, trató de tomarle las manos pero Candelario se levantó violentamente y la enfrentó:

- Yo lo vi - Gritaba con la cara llena de lágrimas - quería alcanzarlo.

- Cálmate, Cande, todos te están mirando.

- Y todo pasó tan rápido Mona, el ruido, el calor, to … to … todo. - ahora su voz estaba ahogada por el llanto. - Yo no lo vi mas, él estaba ahí, mona.

Ramona, no era tonta, sabía que hablaba del atentado explosivo de esta mañana.

- ¿De que hablas Candelario, no te entiendo? - La voz de Ramona reflejaba, terror, tenía miedo de una respuesta que ella ya sospechaba.

- Yo iba detrás de él quería alcanzarlo - Le dijo a la vez que caía de palmas al suelo, con la vista baja.

- ¿De quien hablas?, ¡dime! - Ramona ya estaba llorando arrodillada frente a su hermano.

- Evaristo.

    Una sola palabra, un solo nombre y el mundo de Ramona se hizo demasiado pequeño, caluroso, sentía que ardía y luego cayó de rodillas en medio de los gritos de la gente y de su hermano que la miraba con una expresión de asombro.